Son testigos ocultos.
Semillas en la tierra de un sembrado.
El ruego de los enamorados y el crepúsculo
deletrean la luz en sus palabras.
Tanta habla
llevada por el cuerpo de las sombras trás los árboles.
Tanto murmullo escrito en las paredes y la carne.
En lo excesivo. En lo prudente.
Qué significa la verdadera soledad
con esa misma luz
y el nudo corredizo de la noche que se escapa.
Recuerda la prosa de un poema
su instinto de pecado acercando una delgada venda.
El paraíso robado de los puertos
llevado a las visiones como un beso
ahogándose en los labios.
El pan de un corazón y su reclamo.
La desnudez de la saliva
apresurada sobre la desnudez del desencanto.
Esa clarísima razón que traba el cierre del vestido.
Apenas el relámpago...
Que avisó con la mudez al trueno.